|
Juan Antonio Acuña Concha tenía 33 años. Era maquinista de la Empresa de Ferrocarriles y vivía
en San Rosendo. Estaba casado. Aquí va el testimonio de su esposa, Rosa Edith Barriga Pérez:
Mi marido fue detenido el 15 de septiembre de 1973, por una patrulla de Carabineros de Laja, al mando del teniente
Fernández Mitchel y el sargento Pedro Rodríguez. Golpearon la puerta y salí a abrir, uno de ellos me
preguntó si allí vivía Juan Acuña y al dar una respuesta afirmativa, uno me empujó cayendo
sentada en un sillón. Cinco de ellos ingresaron a la casa, los otros permanecieron afuera custodiando a Dagoberto
Garfias. Mi marido terminaba de vestirse, bajó y los enfrentó. Como los niños lloraban, le dijeron que
sólo lo necesitaban para unas declaraciones y que regresaría de inmediato. A continuación se lo llevaron.
Esto ocurrió alrededor de las cinco de la tarde. Lo llevaron a la comisaría de San Rosendo y luego a la de Laja.
Al día siguiente, viendo que no regresaba, fui a las 7 de la mañana a dejarle desayuno. Me
acompañó mi suegro y mi cuñada. Al entregarle el desayuno pude conversar con él. Me dijo que en la
comisaría de San Rosendo los habían castigado a todos, a él le enterraron un abrelatas en las caderas y
en los muslos. Se encontraba muy nervioso y demostraba mucho temor. También estaban Jorge Zorrilla y Luis Araneda.
Personalmente le di desayuno y comida a Zorrilla en varias oportunidades cuando su familia se retrasaba. La última vez
que vi a mi cónyuge fue el 17 de septiembre, alrededor dé las seis 4 la tarde. El 18 en la mañana fui con
el desayuno. Cruzando el puente me encontré con Manuel Vega, quien regresaba de Laja y me manifestó que ya no
estaban, en la Comisaría. Sin embargo, igual fui y en efecto no había nadie. El sargento Rodríguez me
informó que ya no estaban pues los habían llevado en la madrugada a Los Angeles"
Juan Antonio fue ejecutado junto a 18 personas el 17 de septiembre de 1973 en la localidad de Laja. Fueron enterrados en
un primer momento en el bosque adyacente a las granjas de El Dorado y San Juan, y después mudados al cementerio de la
parroquia de Yumbel.
En este mes en que fuiste arrebatado violentamente de nuestro lado, quiero decirte que aunque los pasos toquen mil años
este sitio, no borrarán la sangre de los que aquí cayeron y no se extinguirá la hora en que
caísteis, aunque miles de voces crucen este silencio, con estas bellas palabras de Pablo Neruda quiero graficar el
sentir de nuestra familia y por todo esto imposible EL PERDON Y OLVIDO. Pero si decirte que hasta mi último suspiro
jamás te olvidaré y siempre serás mi padre amado, hasta que volvamos a encontrarnos nuevamente y poder
disfrutar de todo el tiempo que nos fue robado, por siempre tu paturra.
Patricia Angelica Acuña Barriga, 7/9/08
Apuntes de Memoria Viva
|