C. Torturas (continuación: 10)

 

Daniel Eduardo Fernández (Legajo N° 1131) tenía 18 años cuando fue secuestrado. Era estudiante en un colegio secundario. A esa edad, conoció toda clase de tormentos, puñetazos, patadas, amenazas ae muerte y lo que se daba en llamar "submarino" en sus dos formas de aplicación, «seco» y «mojado» .

 

"La idea era dejar a la víctima sin ningún tipo de resistencía psicológica, hasta dejarlo a merced del interrogador y obtener así cualquier tipo de respuesta que éste quisiera, aunque fuera de lo más absurda. Si querían que uno respondiera que lo había visto a San Martín andando a caballo el día anterior, lo lograban, y entonces nos decían que uno era un mentiroso, hasta que realmente uno lo sintiera, y lo continuaban torturando.

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...nos hacían extender las manos y nos pegaban en la punta de los dedos con una especie de cachiporra. Después no podíamos mover las manos. A otros los castigaban hasta hacerles sangrar la boca o los ojos.

Llegaron hasta ponernos una bolsa de nylon en la cabeza y atarla al cuello bien fuertemente hasta que se nos acabara el aire y estuvieramos a punto de desmayar. "Otra forma era atarnos en una tabla y poner en el extremo un recipiente lleno de agua. Se sumergía la cabeza de la víctima allí y hasta que largara "la última burbuja de aire, no lo sacaban, y apenas cuando tomaba una bocanada de aire lo volvían a sumergir.

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El 13 de septiembre de 1977 ful liberado, vendado, con el pelo muy mal cortado, con un par de jeans y una remera en un día de mucho frio. Me abandonaron en la Avenida Vélez Sarsfield, cerca de una barrera» .

 

En el Legajo N° 5604, la Sra. Lidia Esther Biscarte relata su secuestro y posterior martirio. En él se podrá ver el ingenio puesto en juego por los torturadores para ejercitar nuevos métodos de tormento con los elementos habituales de su trabajo. Fue secuestrada el 27 de marzo de 1976, en su casa (Zarate, Provincia de Buenos Aires) a la madrugada. La encapuchan con la misma sabana que estaba usando y la secuestran descalza y en camisón.

«La dicente oye por la radio que se encontraba en la comisaría de Zarate. Que, sin preguntarle nada, le aplican la picana, la desnudan y le vuelven a aplicar la picana en el ano, en la vagina, en la boca y en las axilas. Le echan agua y la atan a un sillón de cuero. Tenía toda la cabeza cubierta con la sábana atada. Se acerca un sujeto que empieza a retorcerle los pezones, lo que le produce ua intenso dolor, ya que también le habían aplicado picana en los pezones.

En la misma habitación había otros dos hombres secuestrados. Entra un sujeto y le dice al otro que la deje, "que los van a llevar a pasear".

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La dicente sabe que es la Prefefectura de Zarate el sitio donde fue trasladada a posteriori junto con las otras dos personas, ya que ésta vivía a una cuadra y media, y por la forma en que la barca atracaba, se sentían los gritos del amarrador y la barca chocando contra el puerto, la vibración.

Los bajan en una barranca de piedra, en el Arsenal de Zárate. Allí los llevan y los dejan en el campo. Llovía, el piso era de tierra. Clavan estacas y los estaquean dejandolos todo el día ahí, aplicándoles picana eléctrica. Al entrar la noche los suben a un barco, los esposan unes a otros, es decir el brazo de la dicente esposado a otro brazo.

En el barco la cuelgan de los pies y le hacen el "submarino" directamente en el río. Allí estuvo con el señor Iglesias, Teresa Di Martino, con quien la dicente se encuentra posteriormente en la cárcel, con Blanda Ruda, con la Dra. Marta y el esposo, siendo ésta terriblemente torturada y el marido violado por los torturadores; con un muchacho Fernández, que ahora está en el extraniero, cree que en Suiza; con Tito Cono o Aniconi, algo así que ahora está en libertad.

En ese barco están como dos días, durante los cuales los torturan y los cuelgan con una grúa.

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...los cargan en celulares y los llevan a un lugar que cree es el Tolueno, en Campana, sabiéndolo por el pito (silbato) de la Esso. Están dos o tres días y los llevan a una balsa donde cruzan, probablemente, al Tigre. La balsa era manejada por militares, con uniforme verde. Los dejan, en la embarcación, como en la orilla de una isla. La sacan de la balsa y la suben a un camión del Ejército. Había mucha gente, los llevan a una casa de torturas, donde se sentían ruidos de coches y aviones.

En esa casa hay una pileta de natación vacía, donde los meten, les ponen reflectores de alto voltaje, luego la introducen en la casa donde la torturan. Era una casa que tenía un baño, dos habitaciones grandes. En la pileta quedan centenares de muertos, había muchos muertos en la pileta. Sintió un guardía que decía: "éstos ya son boletas, éstos quedan, pasalos a la pieza uno y a la dos". Se llamaban entre ellos con nombres de animales: "El Tigre", "El Puma", "El Vizcacha", "El Yarará" » .

 

 

Torturas: continuación

 

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